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Recientemente se ha conocido la resolución de ministros chilenos, quienes en uso de sus facultades legales, han decidido rechazar el proyecto de HidroAysén, negando al país la posibilidad de empleo de electricidad sustentable y renovable, por razones, según ellos debidamente justificadas, optando, ratificando e impulsando la existencia en el país de una matriz energética altamente contaminante, no exenta de problemas, basada en combustibles procedentes de fósiles (carbón, petróleo, gas), los cuales no hay en Chile y se depende de las importaciones y precios internacionales, repercutiendo constantemente en la población chilena y perjudicando su calidad de vida. No obstante lo anterior, la agricultura en Chile está optando por un camino diferente al uso de la electricidad procedente de fuentes contaminantes.

Es así como los campos nacionales están optando decididamente por el uso de Energías Renovables No Convencionales (ERNC), donde las hidroeléctricas no están ausentes. Chile posee condiciones naturales para producir electricidad a base de recursos naturales, cuya característica principal es que son amigables con el medio ambiente, son sustentables y benefician a las comunidades y asentamientos humanos, por tanto es una senda favorable al desarrollo nacional, pero en especial a la salud de la población chilena, que se verá afectada fuertemente con el incentivo que se está materializando en la instalación de centrales a base de combustibles fósiles altamente contaminantes, las cuales considerando el potencial existente en el territorio (hidráulica prioritariamente, solar, geotermia, eólica, etc), no deberían existir y aquellas cuya instalación fue autorizada masivamente hasta el año 2010, eliminadas paulatinamente.
El ejemplo de la agricultura es digno de ser imitado por todas las actividades nacionales, especialmente en la minería, pueblos pequeños y también insertando electricidad a los interconectados procedentes de ERNC. Esta es la tarea del presente que no puede dejarse para el futuro, ya que hacerlo de esa irresponsable manera, solo traerá consecuencias sobre el país que incrementará su contaminación a un grado indeseable perjudicando la salud de los chilenos.
La energía sustentable y agricultura, convergen a un fin común, siendo la solución por ejemplo a problemas de riego de la IV región al sur, especialmente utilizando energía solar, eólica e hidráulica (de pasada) para sistemas de bombeo de agua controladas eficientemente, pasando a constituir opciones rentables económicamente y lo principal a una menor dependencia de sistemas cuyos costos serán cada vez mayores y dependientes de los vaivenes de los costos de los combustibles fósiles, junto con ello le otorga al agricultor un factor de seguridad y estabilidad destacable, que le permite ser más competitivo en los mercados nacionales e internacionales.
Además, en los casos de aquellos cuyos terrenos se encuentran más alejados de los sistemas proveedores de electricidad, su inversión y costos son menores, además menos riesgosos, permitiéndoles no depender de cancelaciones mensuales o asumir en un momento deudas que les cuesta cancelar. Por tanto, por donde se analice solo trae ventajas a la producción agrícola y también proporciona una mejor calidad de vida a las familias involucradas.
No obstante lo anterior, a pesar de los buenos resultados obtenidos hasta el momento, hace falta un mayor conocimiento de quienes trabajan en los campos, ya que se requiere estas competencias para que este avance se desarrolle plenamente y sus bondades lleguen a aquellos sectores más apartados, haciéndoles presente que su ingreso a las ERNC, no es un imposible, sino una posibilidad y oportunidad real que se está presentando en estos tiempos, la cual debe ser aprovechada ya que solo traerá beneficios, tanto para la persona y grupo familiar que la adopta, como para los ecosistemas y cuencas en las cuales llevan a cabo su labor y por otra parte, también se favorece a toda la población chilena al disminuir las tasas de contaminación.
Para capacitar al hombre de campo, le compete al Estado de Chile, como lo hizo en el pasado cuando propició a partir de la década de 1940 la mecanización de la agricultura con los denominados Cursos de Tractoristas, efectuar una labor similar hoy día, orientada a capacitar en ERNC, otorgándole las facilidades para que puedan acceder a estos sistemas.
Para lo anterior, la política de desarrollo nacional debe salir del enclaustramiento en la cual se encuentra, adoptando realmente y en forma integral los acuerdos que Chile ha suscrito relacionados con la sustentabilidad desde 1992 a la fecha, los cuales en su gran mayoría, por no decir todos, se incorporan a la legislación nacional pero no se cumplen, al contrario, se hace lo contrario como la demuestra el cariz negativo a base de fósiles (carbón, petróleo, gas), que está predominando en Chile y que afectará la evolución y salud de los chilenos en el futuro.
Luego, se requieren políticas públicas que eduquen al ciudadano, que fomenten las ERNC y combatan aquellas de fósiles, luchando todos los chilenos por eliminarlas. No se puede seguir de la manera actual. Es deber de cada compatriota oponerse a las construcciones de centrales de carbón y gas, porque estas solo significan la desgracia de las localidades en las cuales se insertan y la destrucción de ese ecosistema.
Es muy fácil que quienes no sean afectados directamente con la instalación de plantas contaminantes de estos tipos permanezcan impávidos ante su anuncio y tramitación de los permisos ambientales, pero no deberían mantenerse de esta forma cuando vean que los involucrados que sufren directamente las consecuencias tratan de oponerse, debiendo sumarse a ellos, porque también van a sobrellevar estos negativos resultados, debiendo tener presente en sus conciencias que todos los habitantes de Chile están relacionados con los deterioros de los ecosistemas nacionales y también deberán responder ante las futuras generaciones, sus hijos, nietos, bisnietos, etc.