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En la década pasada se efectuaron estudios en Chile sobre el desarrollo de la energía nuclear, el cual quedó como un antecedente más que pavimentaría la incorporación del país a aquellos que generan electricidad por este medio. Sin embargo, la negativa experiencia del terremoto y tsunami en Japón que afectaron a la Planta de Fukushima ocasionaron una virtual detención y variación en las políticas de varios países en el mundo, e incluso en el caso chileno, como descartada sin mayor análisis.

Sin embargo, luego de más de dos años, la tendencia mundial ha comenzado a revertirse debido a que existen países que dependen en forma integral de las importaciones de combustible procedente de mercados inestables y se encuentran ante el escollo insalvable de sacrificar su desarrollo y calidad de vida o bien volver a incentivar el uso de fuentes atómicas de generación energética.
A lo anterior debe considerarse la existencia de países como el caso de Francia, China y otros, que a pesar de la impresión mundial de la necesidad de eliminar el funcionamiento de centrales nucleares debido a los posibles riesgos que significa su operación, no solo han continuado con su funcionamiento ininterrumpidamente, sino que han incorporado nuevas instalaciones de este tipo, aumentado el número de reactores nucleares en funcionamiento, otras que habían suspendido su marcha las han reactivado y han optado por la opción nuclear asumiendo el costo y críticas políticas de parte de sus respectivas sociedades.
Chile está enfrentando esta situación, la cual aún no está en el debate, pero más temprano que tarde, el tema saltará a la palestra y dividirá las opiniones nacionales. Existirán dos opciones u opiniones de expertos, la primera de ellas se basará en que es segura, reduce las emisiones contaminantes, es mejor que la renovable, los costos son menores, proporcionan seguridad energética, los terremotos no le hacen año (en Japón, si no hubiera sido por el tsunami y las vulnerabilidades que poseía esta planta de Fukushima ante una salida del mar, no habría pasado nada, porque más de cincuenta centrales nucleares resistieron sin ningún problema ese terremoto, el segundo más grande en la historia de la humanidad), evitaría grandes sistemas de transmisión, etc.
Como se puede apreciar, las ventajas son significativas, sin embargo existe otra opinión que recuerda que el material radioactivo, como ya ha ocurrido en la ex URSS (Chernobyl el 26 de abril de 1986), puede afectar los ecosistemas donde se inserta la planta y también aquellos que se encuentren en su radio de influencia, que cuando se produce un accidente es muy difícil controlar el reactor nuclear y demora demasiado tiempo con consecuencias graves en los sectores afectados (caso de Fukushima) y que las consecuencias pueden perdurar por muchos e incluso cientos de años.
Estos son los dos escenarios de la futura discusión, sin embargo en el caso nacional existe un tercer factor grave, cual es el destino de los desechos nucleares, los que en el país no tienen cabida y no pueden ser almacenados en condiciones mínimas de seguridad aceptable.
Japón con mucha realidad de su situación, la cual es bastante similar a la chilena, es decir es dependiente de la importación de energía procedente de fuera de su territorio, está optando por una estructura basada en hidroeléctrica, geotermia, carbón y nuclear (esta última 30%), porque a pesar de ser un país desarrollado con grandes capacidades científicas – tecnológicas, no encuentra ni visualiza otra solución.
Chile ha transitado irresponsablemente desde un nivel de alta sustentabilidad y amistad con el medio ambiente existente hasta principios de los años noventa del siglo pasado, a un sistema donde se prioriza la carbonización exagerada, con efectos negativos en los ecosistemas, en las poblaciones y en especial en la salud de los seres humanos.
La creciente oposición a los proyectos energéticos hidráulicos (algunos con razón y otros sin ella) impedirán su ejecución, en consecuencia las alternativas serán cada día más difíciles de adoptar. Las energías renovables no convencionales no serán una solución integral, constante y segura (al menos con el desarrollo que se prevé que alcanzarán al 2030), en consecuencia solo quedan tres áreas mixtas e interrelacionadas entre ellas: la hidroeléctrica utilizando intensamente los recursos naturales (no hay que olvidar que este sistema de generación es sustentable, amigable con el medio ambiente, de bajo costo y de amplio desarrollo local), las energías renovables no convencionales (eólica, solar, geotermia, mareomotriz, etc), la energía geotérmica ( a carbón contaminante y degradante del medio ambiente y de sus ecosistemas).
En el largo plazo, (50 o más años), la solución integral podría estar centrada en una mezcla entre energía solar y la hidráulica alternándose y considerando acumuladores en diferentes niveles, lo cual sería altamente beneficioso, además que se terminaría la actual dependencia energética dependiente de la inestabilidad de los mercados internacionales y que tanto daño está efectuando al medio ambiente de todos los chilenos, tanto de las presentes como de las futuras generaciones, por ello en este delicado tema se debe actuar con extrema responsabilidad.
Sin dudas, esta confrontación pública en la cual numerosos grupos harán valer sus posiciones e influencias, deberá abrirse a discutir la opción nuclear, que siendo la peor para Chile, surgirá con gran fuerza y posiblemente tomará un rumbo que será complejo superar. En estos momentos muchos consideran que esta opción no tendría futuro en el país, pero todo va a depender de quien o quienes sean sus impulsores.