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El 29 de marzo del presente año, se celebró un importante hecho que obedece a una campaña mundial efectuada en diferentes zonas del planeta, a la cual se sumaron, ya sea auténticamente con un criterio de acercamiento o identificación con una amabilidad ambiental o bien solo por un oportunismo político y estar en las noticias. Santiago de Chile recordará esta fecha porque algunos edificios públicos como el Palacio de La Moneda o instalaciones privadas como la Torre Entel, también se sumaron a esta iniciativa.

El origen de esta campaña mundial, surgió hace siete años en Australia, en la ciudad de Sidney, con la idea de sensibilizar a la población de una determinada localidad y que ellas asumieran un compromiso que les permitiera incorporarse al debate y también contribuir a minimizar o detener el Cambio Climático.

Para lo anterior solicitaban que las corporaciones públicas y privadas, como también las personas en sus respectivos hogares o centros de trabajo, apagaran las luces que no se están empleando o no son esenciales y también aquellos aparatos eléctricos que no se usen en esos momentos.

Sin embargo, los problemas principales que motivaban esta campaña, eran las consecuencias del Cambio Climático, las cuales impactarán a la totalidad de la humanidad, con mayores o menores consecuencias, dependiendo de la ubicación de cada zona, sin embargo, todos sufrirán sus efectos, lo que constituye hoy día, una dificultad presente y de extrema gravedad en el futuro cercano inevitable.

Estos cambios climáticos, son modificaciones importantes (alteraciones en la pluviosidad, temperatura de cada zona y mundial, vientos de diferentes magnitudes) cuya duración alcanza una o más décadas, prolongándose por prolongado espacio.

Es cierto que pueden en algún porcentaje obedecer a acontecimientos naturales, pero esos son menores y deben descartarse, estando centrado el problema en el accionar humano, especialmente la combustión de los combustibles procedentes de fósiles, el funcionamiento de las industrias y la minería, etc, todo lo cual aumenta las emisiones de Gases de Efecto Invernadero, extremadamente más allá de aquellas de tipo natural, causando efectos indeseables en el funcionamiento de los ecosistemas terrestres.

Las emisiones naturales son inevitables, ya que la biodiversidad y los seres humanos son de esta forma y no pueden ser modificados por la acción científica – tecnológica del hombre. Por consiguiente, el ámbito de acción se concentra en las actividades humanas y hacia allá hay que dirigir los esfuerzos.

El aumento de la temperatura del planeta no provoca efectos similares y parejos en toda la tierra, sino que depende de otros factores naturales que van redirigiendo las modificaciones, por ejemplo del Clima. Es así como las zonas cercanas a la mitad del globo terráqueo, el Ecuador, no sufrirán cambios importantes de temperatura, pero si esta aumentará hacia el norte y al sur, provocando efectos no deseados en el Ártico y en la Antártica y por supuesto en las zonas intermedias.

Por eso que hoy día, todos estamos viendo la forma como están retrocediendo los glaciares o destruyéndose, algunos directamente por las variaciones de temperatura y otros por la acción brutal del hombre, que por ambiciones económicas y especialmente lucrativas, desprecia la naturaleza y la misma vida humana.

También los Océanos crecerán y ocuparan extensas zonas costeras, obligando a la erradicación de cientos de millones de personas que viven en esas áreas, zonas que en general están vastamente pobladas y forman grandes ciudades.

En las zonas intermedias los desiertos aumentarán su magnitud y en el caso del norte chileno, se verá afectado. Pero en general, los daños en Chile serán menores  que en otras partes del mundo, debido a la existencia de la Cordillera de la Costa que constituye un murallón de protección frente al crecimiento del Océano Pacífico. Sin embargo, varias ciudades se verán afectadas, especialmente aquellas que están edificadas prácticamente a nivel del mar, parte de las cuales deberán trasladarse a lugares más altos y seguros. De cierta forma, los Planes Reguladores que contemplen previsiones ante Maremotos, estarán contribuyendo a enfrentar en mejor forma el Cambio Climático.

Para comprender por qué Chile no se vería tan comprometido, debe señalarse que el 60% de la población mundial vive zonas que serán afectadas por la elevación del nivel de los mares, es decir unos 4.300 millones de habitantes quienes sufrirán estos efectos directamente. En nuestro país, la mayor parte de la población se concentra en el Valle Central y en zonas de altura, por tanto  será menor la cantidad de damnificados, sin embargo, surgirán otros problemas importantes que impactarán en la ciudadanía, tales como la disminución de zonas agrícolas, falta de agua, etc, aspectos que se espera se solucionen con políticas de desarrollo de tipo sustentable y por otro lado, por medio de los avances científicos – tecnológicos de las próximas dos generaciones.

Este problema que da origen a esta campaña mundial conocida como La Hora del Planeta, permite que miles de personas, se sumen a este evento simbólico, desconecten sus aparatos eléctricos que no usen, apaguen las luminarias y luces interiores, etc.  En sí mismo el efectuarlo no tiene mayor trascendencia en el Calentamiento Global, pero lo importante está en la creación y difusión de una mayor conciencia del hombre, independiente del lugar donde habite, porque permite modificar las conductas y forma de ser de los seres humanos.

Si todos los habitantes de la Tierra, asumieran esta idea, el destino de la humanidad podría verse favorecido y se mejorarían las condiciones de vida de las sociedades del presente y del futuro. Con ello se lograría mejorar el Medio Ambiente lo que solo se lograría mediante una vida humana basada en la sustentabilidad. Este es el compromiso del presente, del futuro y hay que asumirlo, caso contrario, los efectos serán terribles.