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En los últimos días ha quedado en evidencia que la generación eléctrica chilena está sufriendo un drama debido a que la hidroeléctrica, una forma de producción amigable y beneficiosa para el medio ambiente y en especial para el desarrollo sustentable,  está en constante declive alcanzando una cifra crítica no vista antes en la historia moderna y está siendo reemplazada decididamente por aquella que emplea carbón, con las consecuencias irreparables en los ecosistemas y en la salud de la población, además de los costos económicos y repercusiones que su utilización determina.

Es así como la productividad eléctrica nacional a base de hidroeléctricas, ha pasado en los últimos diez años de un 40% a menos de un 18%, siendo esta cifra la consecuencia de malas políticas gubernamentales que se han aplicado durante los últimos veinte años.

Agrava esta situación la sequía que ha involucrado a vastas zonas del territorio chileno, especialmente el área centro y sur del país, que ha afectado la disponibilidad de agua en los embalses destinados a la generación eléctrica.

Asimismo, se ha ido produciendo una resistencia del sector empresarial y emprendedor a invertir recursos en nuevas represas e instalaciones de centrales hidroeléctricas, como también oposiciones locales influenciadas por otros intereses, situación que afecta negativamente al desarrollo chileno.

La disminución de la generación hidroeléctrica, ha sido reemplazada por el carbón, elemento dañino y anti ambiental, contrario al desarrollo sustentable, altamente contaminante y productor de Gases de Efecto Invernadero, los cuales están causando serios problemas al desarrollo de la vida humana tradicional y es el causante principal del cambio climático y el calentamiento global.

Paralelamente, en forma paulatina se ha ido produciendo una pérdida porcentual de la participación de la hidroelectricidad que ingresa al Sistema Interconectado Central (se inicia en Taltal y termina en Chiloé), en cambio el carbón toma a cada instante más importancia, lo que se refleja en el hecho de que la energía a base de carbón, solo durante los años 2013 y 2014, se duplicó en ese periodo y en los últimos diez años (2004 – 2014) se triplicó.

Indudablemente la disminución de la pluviosidad en el centro del país, ha tenido repercusiones trascendentes en la situación precaria de los embalses y en consecuencia en la disponibilidad de generación con este tipo de procedimiento, pasando desde un sistema sustentable a uno no sustentable y contra el medio ambiente, es decir contrario a la calidad de vida de una sociedad moderna acorde al desarrollo de los tiempos actuales.

A este paso, es necesario meditar cual va a ser el tipo de país que se le va  a entregar a las generaciones futuras?, Cómo los futuros habitantes de Chile van a enfrentar el drama que se les está ofreciendo para el mañana?. Por qué no tenemos la mínima conciencia ética y moral para darse cuenta, tanto el gobierno de turno, como también cada ciudadano, que se está destruyendo inexplicablemente e irresponsablemente el territorio chileno?. En fin, son tantas las preguntas que surgen en forma inmediata ante el drama que se intensificará paulatinamente día a día y que además, en forma muy secundaria comenzara gravitar  sobre los recursos de los habitantes y de sus empresas.

Respondiendo brevemente estas interrogantes, ya que cada una de ellas daría para un ensayo académico o un texto donde se analicen los efectos y medidas en el corto, mediano y largo plazo, se podría señalar que el futuro territorio chileno que será habitado por las nuevas generaciones, enfrentará graves problemas de sustentabilidad, no tan solo en lo referido a alimentación, sino prioritariamente en calidad de vida, la cual se caracterizará por enfermedades que hoy no existen en el país, ecosistemas destruidos o afectados seriamente los cuales no poseerán las capacidades suficientes para sostener el esfuerzo de vida de sus moradores, insuficiencia de agua para las actividades humanas, etc, es decir se enfrentará un drama con terribles consecuencias como aquellas derivadas del Cambio Climático y el Calentamiento Global, cuyas repercusiones en el caso del continente africano después de 1980, han causado dramáticos efectos en las poblaciones de esos territorios.

También los chilenos del futuro se encontrarán ante la necesidad de responder ante esta realidad que los estaría afectando fuertemente, donde la globalización y la tecnología podrían, con toda seguridad, ayudar en parte a paliar los efectos derivados de los daños ambientales producidos paulatinamente en los ecosistemas nacionales, sin embargo esta confianza en la ciencia del futuro no tiene fundamentos, si bien ayudaría a disminuir los efectos, no tendrá la capacidad para superarlos.

Todo ello lleva a determinar fehacientemente que el país está siendo sometido a un proceso de contaminación de crecimiento constante, a pesar de las medidas y previsiones para evitarlo, causa que está basada en las actividades humanas orientadas por objetivos circunstanciales y económicos, que solo miran el corto plazo y el bienestar de la dirigencia política, sin pensar en ningún momento en el destino de la población y en especial de las personas más humildes.

Luego se podría señalar que existe una confusión en las políticas públicas chilenas, ya que en definitiva no se sabe a quién sirve o para quién sirve, ya que por una parte perjudica al pueblo de Chile y a sus empresas productivas quienes ven con pena y perjuicios económicos, que la energía en Chile aumenta su precio sin tener en consideración la necesaria competencia y libre empresa que permite otorgar empleo y una cierta calidad de vida a los chilenos. Por otra parte, la nula inversión en los últimos años (solo una hidroeléctrica, Angostura, detallada en un artículo anterior) en energía segura, continua y  no contaminante (la única que reúne estas condiciones es la hidroeléctrica), revela una inconsistencia emprendedora nacional, que se ve respaldada por la falta de una política energética adecuada que permita el emprendimiento en esta área y que respete los derechos de los chilenos.

Por otra parte, la energía nuclear a base  de centrales atómicas como está siendo planteado en el país, apelando a la seguridad que se ha demostrado durante el terremoto y maremoto en Japón el 2011(central atómica de Fukushima), no es la solución a los problemas chilenos, más bien los agravará, ya que si bien es cierto la tecnología es segura y no se prevén problemas técnicos en la operación de dichas centrales generadoras, el destino de los desechos radioactivos no tiene una solución aceptable en el territorio nacional y en una materia tan delicada como es este tipo de producción eléctrica y manejo de sus residuos, no se puede depender de terceros y menos improvisar.

Por todo lo anterior, se requiere un vuelco radical en el desarrollo chileno como país, donde la productividad hidroeléctrica pase a ser a lo menos el 70% de la energía generada y la diferencia sea producto de energías renovables no convencionales, las cuales deben sujetarse y apoyarse en beneficios estatales que permitan su operación eficiente. Normalmente la generación con este tipo de centrales hidroeléctricas ha llegado  a porcentajes cercanos al 50%, por tanto la primera etapa es recuperar esta capacidad productiva y luego superarla, posteriormente en forma paulatina ir eliminando las centrales a carbón de la matriz energética. Solo así se podrá visualizar el porvenir con fe y esperanza en un futuro mejor.