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En septiembre del presente año, se comenzó a llenar el embalse correspondiente de la Central Hidroeléctrica de Angostura, ubicada en la Región del Biobío, a 63 kms de Los Ángeles, la cual considera un lago de 641 hectáreas, una producción eléctrica de 316 MW y un sistema de transmisión de 40 kms de extensión destinado a inyectar la energía al Sistema Interconectado Central, cuyas ventajas y calificación de sustentable, fue expuesta en esta página web en el artículo anterior relacionado con su puesta en marcha, opinión que ha estado sujeta a una serie de críticas constructivas, algunas de ellas influenciadas, otras con desconocimiento y algunas cuyo planteamiento pretende descalificar pero sus fundamentos apuntan exactamente a lo contrario, por ello se ha estimado responder aquellos aspectos más importantes relacionados con la sustentabilidad de cualquier central amigable con el medio ambiente como es el caso de una hidroeléctrica.
Referido a la posesión de los derechos de agua que permiten la materialización de esta planta, es conveniente señalar que el agua en este caso se utiliza para producir energía, no es consumida ni tampoco eliminada por la empresa generadora, vuelven a su fuente natural sin sufrir ninguna alteración, por tanto siguen cumpliendo la misma función que han materializado desde tiempos inmemoriales hasta el presente. Por tanto cualquier reproche en este ámbito no posee fundamento alguno que no sean ideas políticas tergiversadas. Cabe indicar que este uso del agua se define como no consuntiva.
Para entender más claramente este término y despejar definitivamente cualquier duda, se debe recordar que esta definición significa que en el caso de la generación hidroeléctrica, el agua es devuelta al ciclo del agua, no se consume. Cuando se establece que es consuntiva, se refiere a que no se devuelve en forma inmediata al ciclo del agua, como es el caso de la agricultura, preparación de alimentos, minería y otros usos.
Por lo expuesto anteriormente, desde el punto de vista del uso del recurso hídrico esta es una planta sustentable y muy amigable con el medio ambiente. Sin embargo, no está exenta de peligros, específicamente el riesgo de un desplazamiento de la pluviosidad producto del Cambio Climático, que podría afectarla (aun cuando sea mínimo) a fines del presente siglo y durante el próximo.
Otro aspecto a considerar se refiere a que en Chile la política hídrica tiene falencias, pero en este caso el uso de esta agua en forma transitoria para producir energía, no tiene implicancias directas en la falta de este recurso o calidad del agua que afecta a algunas zonas del país (según el Diario El Mercurio, Cuerpo A Pág. 3 de 23 de enero del 2013, parte de la población recibe agua solo algunas horas al día, otra menor es atendida por camiones aljibes y su calidad es deficiente). Por consiguiente, aun cuando se visualizan cambios en la pluviosidad, presencia de efectos del calentamiento global y del cambio climático, estos no son lo suficientemente fuertes para condicionar la sustentabilidad de esta nueva planta generadora hidroeléctrica.
No obstante lo anterior, es muy trascendente para la paz y tranquilidad social, que el Estado garantice la existencia en este caso, de derechos consuetudinarios de agua de las comunidades cercanas y agricultores aislados, para asegurar que sus funciones tradicionales productivas agrícolas u otras, no sean afectadas, ya que ellos no tienen por qué pagar el costo del progreso y de las necesidades crecientes de energía del país, al contrario deben ser beneficiados.
También la existencia de un embalse de acumulación constituye una ventaja para los agricultores, ya que permite regular adecuadamente por una parte las necesidades energéticas y por otra los requerimientos de la agricultura y otros. Sin embargo, cuando se presentan periodos de sequías, las empresas regulan el agua para sus fines y sin pensar en los agricultores u otros que dependen de un abastecimiento normal y seguro. En esos casos, frecuentes en el país en los últimos años, se nota la ausencia de un rol más activo del Estado, tanto cuando autoriza la construcción y operación de este tipo de instalación, como también en las necesidades de las comunidades locales e independientes del sector.
Consecuente con lo anteriormente, la situación de los recursos hídricos de Chile, su creciente disminución producto del cambio climático, su uso exagerado más allá de las cantidades estipuladas en los derechos de aguas, no tiene relación alguna con la sustentabilidad de una planta hidroeléctrica como es el caso de Angostura o cualquier otra.
Otra crítica se refiere a la existencia de un impacto ambiental detrás de la construcción de esta planta. Esta aseveración es correcta, pero para eso están las mitigaciones y su magnitud en ningún caso podría cuestionar mínimamente la sustentabilidad de la instalación generadora hidroeléctrica.
Asimismo, considerando que hay un impacto ambiental de nivel considerado bajo, la gran ventaja que poseen este tipo de instalaciones es que producen energía no contaminante, con una muy menor emisión de CO2, lo que constituye una medida efectiva contra el calentamiento global y no como ocurre por ejemplo con las 42 termoeléctricas aprobadas por el gobierno de Chile hasta el 2010, las que están destruyendo nuestros ecosistemas y afectando la salud de las poblaciones locales, con efectos terribles hasta 40 años después de su eventual cierre. Por tanto no hay punto de comparación ya que Chile necesita energía, la que se debe producir de cualquier forma y la más segura, más económica y viable, amigable con el medio ambiente y sustentable es la hidroeléctrica. Lo anterior en ningún caso pretende dejar de lado otras que también son sustentables pero que actualmente aun no reúnen las condiciones necesarias para equiparar o pensar en superar a plantas con la de Angostura u otra similar, como es el caso de la Geotermia (la que en otros países ha tenido que suspenderse debido a que significa un incentivo para fenómenos telúricos como es el caso ocurrido en Suiza y otras naciones), eólica actualmente de buenos resultados no tan solo en Chile sino en todo el mundo, solar con crecientes expectativas, mareomotriz en etapa incipiente de desarrollo, biomasa con un gran futuro en la medida de que exista cantidad suficiente en una zona determinada (caso de la zona sur de Chile donde está siendo empleada por las empresas forestales en forma muy exitosa).
En lo referido a los efectos en el paisaje, constituye un aspecto que debe ser analizado con visión de futuro, ya que efectivamente este es afectado, especialmente por el lago artificial que se crea y se mantiene, no conservándose con un valor prístino u original, pero en la mayoría de las experiencias ocurridas no tan solo en Chile, sino en todo el mundo, su alteración en estos casos en que se incorpora este lago con todos los beneficios que implica, pasa a constituir un polo de desarrollo de magnitud, especialmente turístico, el que beneficia no tan solo al sector, sino a toda la región. Un caso emblemático lo constituye por ejemplo los lagos Rapel y Colbún, con el desarrollo que han incorporado a los sectores donde se asientan.
También desde el punto de vista de la seguridad nacional, las centrales hidroeléctricas son más seguras que las termoeléctricas, son más difíciles de afectar para impedir su funcionamiento a diferencias de estas últimas que son altamente vulnerables, incluso a ser afectada por condiciones naturales, como fue en el sismo del 27 de febrero del 2010, que tuvieron que enfrentar serias emergencias internas, algunas de las cuales afectaron su funcionamiento.
Concluyendo, lo que no se puede rebatir con fundamentos serios, es que la Central Hidroeléctrica de Angostura es una generadora de energía sustentable, que proporciona seguridad a Chile y a sus habitantes, proporciona energía no contaminando, usa recursos naturales no contaminantes, constituye un polo de desarrollo importante para la Región del Biobío y en especial para la zona y sector donde se inserta que va a constituir un creciente avance, proporciona una seguridad en el abastecimiento y tiene una característica de generación constante.
Sin embargo, es deber del Estado de Chile, incluyendo en esta tarea a las Municipalidades involucradas, preocuparse del bienestar de los habitantes que se encuentran dentro del área de influencia y que por cualquier razón, han debido ceder sus derechos o parte de ellos, independientemente de las compensaciones o mitigaciones, debiendo asegurar que su calidad de vida no se vea afectada, más bien preocupándose de que las alteraciones en sus ecosistemas sean favorables a estas personas, como por ejemplo facilidad de desplazamiento, acceso a negocios relacionados con la atención turística, etc.
Solo de esta manera se producirán una confluencia de intereses entre los organismos estatales y comunales con aquellos derivados de la instalación y operación de la empresa y con los habitantes locales. Si existe esta interacción y todos se sienten partícipes integrándose en sus resultados y beneficios, se habrá producido un mejoramiento de la calidad de vida conjugado con un desarrollo sustentable efectivo.