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Para materializar un Plan de protección de glaciares chilenos, se debe contestar dos preguntas: ¿Qué pasará con los glaciares de montaña y con las sábanas de hielo en el próximo par de siglos (siglos XXI y XXII)? Podríamos responder esta pregunta basado en los efectos del cambio climático cuya prueba más importante está en el aumento experimentado por la temperatura promedio de la atmosfera terrestre, además de evidencias relacionadas con el nivel del mar, las capas de hielo en las zonas del Ártico, los fenómenos meteorológicos y los cambios que están afectando a los ecosistemas, todo lo cual se une a la disminución constante de los glaciares durante el siglo XX. A modo de ejemplo, cuando se estudia el Glaciar Rinconada Oeste en Los Andes del centro de Chile, las fotografías muestran como desde 1955 al 2009 este glaciar retrocede y se transforma en glaciar de roca.
Al analizar antecedentes de glaciares entre ellos los chilenos, se puede afirmar que la gran mayoría de los glaciares del mundo se encuentran en proceso de retroceso con reducción de su masa y su volumen, lo que en términos glaciológicos se llama balance de masa negativo, situación difícil de detener en los próximos dos siglos.
También debe considerarse que el proceso de retroceso de los glaciares que se evidencia desde hace más de dos siglos, no es un antecedente nuevo y es algo que continuará ocurriendo caracterizado por la disminución de masa desde el ápice de la última glaciación del Cuaternario (18.000 años atrás). Ahora bien, como se señaló anteriormente, se manifiesta en la actualidad el Cambio Climático global, debido a causas naturales a la que se le agregar motivos originados por el accionar humano prioritariamente desde la Revolución Industrial.
El Cuaternario se caracteriza por la aparición sobre la superficie de grandes sábanas de hielo y su influencia en los ecosistemas, siendo las más grandes Groenlandia y la Antártica, las cuales sufren los efectos que están afectando a los glaciares. Estas zonas tienen la capacidad de provocar un aumento en el nivel del mar si se derritieran completamente, lo que es improbable en el siglo XXI, aunque actualmente estas sábanas contribuyen aumentando dicho nivel oceánico.
Habiendo establecido que sucederá con los glaciares y sábanas de hielo, se debe responder la segunda pregunta que es si ¿Podemos modificar ese destino? Creo que la respuesta estaría dada por la posibilidad real de establecer un plan exitoso, de largo plazo que sea aplicable a la realidad chilena orientado a la gestión de glaciares como fuente de recursos hídricos.
Chile es un país que posee la mayor superficie en glaciares de Sudamérica, con un área aproximada a los 21000 kms2, con miles de glaciares que extienden desde el norte altiplánico hasta lo más austral. Este inventario de glaciares, unido a la necesidad ética y moral de preservarlos bajo el concepto sustentabilidad, obliga a una reacción efectiva de la institucionalidad chilena para acometer esta tarea.
En la preservación de ellos, para que sigan cumpliendo la tarea que han desarrollado a lo largo de la historia de la tierra, especialmente los últimos miles de años, en el presente y en el futuro, está la clave de la gestión de glaciares como fuente de recursos hídricos.
Nuestros glaciares están amenazados y debemos adoptar medidas para su preservación, disminuyendo el daño y retardando los efectos del cambio climático, donde es difícil una acción efectiva mancomunada de toda la humanidad.
Es fundamental estar al tanto del problema, controlar cada uno de ellos, hacer modelos de simulación y adquirir un conocimiento tal que permita identificar oportunamente los futuros cambios y /o amenazas, para adoptar las medidas que correspondan. Con ello se conocerá el posible impacto en la sociedad, en los ecosistemas y en especial en relación a los recursos hídricos y al rol que cumplen en su regulación.
La información técnica especializada, es muy importante, porque permitiría que las decisiones de inversión económica y otros desarrollos que puedan afectar a zonas englaciadas sean las más adecuadas y no alteren su preservación. Para ello el plan debe considerar una capacidad y recursos suficientes para sistematizar el monitoreo de los glaciares, mantener actualizadas bases de datos confiables al alcance de todos los interesados, campañas de concientización de la población orientada a diferentes estratos, generar capacidades de modelación y pronóstico de respuestas a base de escenarios climáticos distintos que podrían presentarse en el futuro.
Estos antecedentes permitirían orientar este plan de nivel nacional, para evitar el deterioro de los glaciares por la acción humana, adelantarse a una eventual escasez de recursos hídricos que afectarían el desarrollo y mitigar los efectos del Cambio Climático. Hay que tener presente que la mayoría de los glaciares en Chile están con tendencia a pérdida de masa y con ciertas tasas de retroceso, con variaciones como unos pocos metros anuales en el norte y cientos de metros en la zona austral, donde se han registrado las tasas máximas de pérdida de hielo, con un retroceso de 15 kms en los últimos 100 años, situación que no se visualiza que pudiera retrotraerse. Asimismo se detecta un adelgazamiento en la mayor parte de las zonas bajas de los glaciares.
Lo expuesto anteriormente muestra la necesidad de que este plan debe enfrentar este problema de la mejor manera, empleando todos los avances y experiencias tecnológicas y prácticas, como asimismo con garantía de éxito en las políticas públicas que contemple.
Este plan, que debe considerar varios niveles (nacional y regionales), debe contener además de lo referido a inventario, monitoreo e información disponible, aspectos complementarios como una observación jerárquica de todos los glaciares del país que combine las observaciones y periodos de terreno con técnicas de percepción remota, que incluya y relacione procesos glaciales locales con aquellos más globales, empleo de métodos validados y experimentados por sistemas más avanzados, usando desde las técnicas más tradicionales hasta aquellas más sofisticadas y de ser necesario superando los escollos de aquellas más complicadas o difíciles, logrando de esta manera, estudiar gran cantidad de glaciares, para lo cual no deben escatimarse recursos.
También debe considerar una metodología, ya que es importante para su éxito, donde en primer lugar se consigne un sistema de monitoreo y la observación, niveles de análisis (de acuerdo a quienes deben tomar decisiones, pero la información al alcance de todos), análisis de fluctuaciones glaciares, establecimiento de una línea base glaciológica real y confiable, que permita al compararla detectar cualquier cambio no esperado, sistemas de difusión de información para quienes deben tomar decisiones, concientización de la ciudadanía para evitar oposiciones a los programas de preservación de glaciares, fomentar el desarrollo y capacitación del capital humano responsable de la materialización del presente plan de gestión de glaciares como fuente de recursos hídricos cuya característica esencial es que sea con sustentabilidad, incentivar la investigación científicas por medio de convenios con otros organismos estatales, universidades y ONGs, evaluar e identificar los impactos futuros para el manejo de los recursos hídricos que es la razón de ser de un plan de esta naturaleza.
También establecer los posibles escenarios futuros de disponibilidad de agua y determinar aquellas medidas de adaptación o de solución a los problemas detectados que será necesario materializar. Estas medidas son muy importantes ya que requieren de un compromiso de aceptación por parte de la sociedad, por tanto deben proponerse alternativas fundamentadas para aquellas actividades que dependen de glaciares amenazados de desaparición.
Todo lo expuesto anteriormente sería un plan de nivel político – estratégico, de nivel nacional, del cual se deben desprender los planes regionales que deben ir más al detalle incluyendo como anexos aquellos programas y/o proyectos que deben ser desarrollados localmente, los cuales deben dar origen a acciones concretas de trabajo en terreno para evitar deterioro de los glaciares.
En este nivel más inferior, deben establecerse claramente, además de los recursos disponibles para materializar los programas, aquellos procedimientos que se ejecutarán en cada zona de glaciar y los responsables de ellos.
En este nivel encontraremos el detalle del manejo de un determinado glaciar o de una zona, considerando que cada glaciar es un recurso hídrico esencial, pero si se maneja podrían salvarse de la extinción, disposiciones para salvar un glaciar, técnicas para aprovechar económicamente y racionalmente sus aguas cuando se necesiten y repletarlos en otros tiempos, con la necesidad de mitigar efectos generar nuevos glaciares autosustentables, prevenir peligros (desliza miento, lahar, etc), diseñar medidas para incorporar nueva tecnología, entre otras materias.
Todo ello debe llevar a considerar medidas y técnicas concretas (siempre las más beneficiosas), tales como la creación de glaciares, cubiertas de glaciares, depósitos de hielo de agua no utilizada, acumulaciones invernales que no se congelen en forma natural, cubiertas de protección de radiación solar, protección con cubiertas de aserrín, sistemas de captaciones bajo un glaciar, etc.
También considerar propuestas y ensayos tales como pintar con cal el entorno rocoso, pintar el sector cordillerano con cal para reducir la temperatura en el área de un determinado glaciar, siembra de nubes para aumento de las precipitaciones, etc.
Considerar disposiciones para la dirección de movimiento, control de velocidad, reubicación de masas, incremento artificial de ablación en superficie, reubicación de masas de hielo desde zonas de ablación de glaciares a depósitos especiales que garanticen más larga vida, generación de nuevos glaciares autosustentables, incremento artificial de la acumulación de nieve, acumulación de nieve de depósitos de avalanchas, evaluación de peligros glaciares especialmente avalanchas incluyendo sus medidas preventivas.
En resumen, sería una planificación en tres niveles: Nivel Nacional, Regional y como anexos a esta, planes y programas específicos para dar cumplimiento a las previsiones nacionales y regionales.