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La estrategia energética de Chile de febrero del 2012, considera la posibilidad de una interconexión con otros países americanos, asimismo esta idea ha sido mencionada a nivel gubernamental, donde una unión energética traería seguridad para el desarrollo nacional. Esta idea es un error de gran magnitud, de posiblemente enormes consecuencias negativas para nuestro país, que significa utilidad y explotación para unos pocos y efectos negativos en todos los chilenos, revelando que la crisis del gas con Argentina, cuando ese país desconoció los convenios y compromisos no dejó ninguna lección, lo que es lamentable porque una cooperación de esta naturaleza, aun cuando involucre a varios estados, es un riesgo demasiado alto como para que cualquier gobierno lo pudiera asumir, incorporarse y comenzar a intercambiar energía. Lamentablemente las condiciones para una conexión de esta naturaleza y dimensiones, no están dadas en la actualidad.
Nuestra realidad indica que pasaríamos a depender de los países vecinos, quienes podrán producir energía eléctrica utilizando gas a un costo reducido, pero que la manilla de la energía eléctrica, estará en las manos de ellos, los que presionarán a Chile para obtener sus resultados e incluso objetivos estratégicos que han perseguido por muchos años.
La solución energética de Chile no pasa por los países vecinos, ya que son estados que pueden considerarse con fundamentos sólidos, como países no confiables, que no cumplen sus convenios y son altamente dependientes de los problemas internos, donde cualquier situación conflictiva con nuestra nación, le trae dividendos políticos al gobernante de turno. No podemos arriesgar la seguridad nacional y nuestro desarrollo económico – social, confiando en Presidentes que no honran su palabra empeñada por ellos mismos o por sus antecesores.
La integración energética es un tema para el cual actualmente las naciones americanas no han avanzado lo suficiente como para llegar a un entendimiento de esta naturaleza, quizás en el futuro, en 80 o 150 años, se podría pensar en una solución de este tipo. Las experiencias dicen que por confiar en Argentina, estamos ensuciando Chile a un nivel nunca antes visto, hemos aumentado nuestras emisiones de Gases de Efecto Invernadero y áreas donde se han instalado centrales termoeléctricas solo han traído un deterioro ambiental, enfermedades y efectos en la población aledaña. Nuestra confianza en los gobiernos transandinos solo nos trajo contaminación y una mayor dependencia de combustibles procedentes de fósiles, los cuales son producidos en el extranjero, están sujetos a constantes vaivenes en sus precios, serán sus costos cada día más elevados y cuando empiecen a escasear pondrán en jaque a las principales economías que sean dependiente de energías foráneas.
En definitiva, el riesgo de una integración energética es solo una especulación, en la cual algunos podrían visualizar la posibilidad de algún negocio, el cual por supuesto no va a beneficiar a los chilenos, sino solo a algunos, pero las consecuencias la sufrirán todos los habitantes del país, quienes por supuesto, no tendrán acceso a las utilidades y beneficios.
Por ello urge que Chile en su conjunto, debidamente dirigido y coordinado por el supremo gobierno, genere una política nacional energética que cuente con el respaldo ciudadano y que sus objetivos sean el bien común y la sustentabilidad, es decir el desarrollo nacional equilibrado que llegue a todos los chilenos y que no afecte los derechos de las futuras generaciones, ya que se cuenta con los recursos naturales renovables en grandes cantidades, algunos de ellos quizás entre los más importantes existentes en América, pero no se cuenta con explotación propia de fósiles (gas, petróleo y solo carbón en pequeña cantidad y de bajo nivel calórico).
Una integración energética es contraria al interés nacional, es peligrosa para la seguridad del Estado de Chile, beneficia a los países vecinos y a algunos chilenos que ven la posibilidad de hacer un negocio transitorio que va a durar mientras exista la voluntad en los gobernantes vecinos de continuar introduciendo energía al sistema.
Existen una enorme cantidad de ejemplos de este tipo que ponen a prueba la seriedad de los Estados, donde un cambio de gobierno con un sistema económico distinto, significa expropiaciones y muertes de estos sistemas internacionales. También no se puede desconocer la existencia de ejemplos exitosos, como es el caso del gas que provenía de la Ex URSS a Europa y que hoy día continua funcionando, con vigencia y que no ha presentado problemas importantes o que pongan en juego su continuidad, a pesar de que ya posee más de 35 años de funcionamiento, pero esto se dio en países avanzados con gran potencial, que a pesar de sus grandes diferencias originales en plena guerra fría, supieron llegar a acuerdos y respetarlos, pero esta situación está muy lejana en la América de hoy, por no decir imposible.
Por ello, no se debe insistir en una integración de esta naturaleza, la que solo traerá problemas a Chile, a su seguridad nacional y a su desarrollo, pudiendo significar un retroceso importante en el camino a llegar a ser un país desarrollado.