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ciudades del futuro

Santiago de Chile, tiene problemas  tales como contaminación, crecimiento inorgánico, altos costos de vida, congestión vehicular, hacinamiento, pobreza e insatisfacción social, transporte, infraestructura, insuficiencia de áreas verdes y en consecuencia, efectos dispares en la calidad de vida de sus moradores, sin embargo, a pesar de lo anterior, sus habitantes manifiestan esperanzas en un futuro mejor con beneficios y oportunidades compartidas, lo que me lleva a formular la pregunta de “Cuál es la ciudad que queremos para el año 2025”?

Santiago continuará expandiéndose en los próximos años, más allá del tipo de infraestructura, por ejemplo verde, ya que deberá acoger a una creciente cantidad de población, por una parte y por otra, para integrar a aquella en condiciones de pobreza o que emigra de otros lugares del país y del extranjero.  Si continúa creciendo sin una visión sustentable, se desarrollará inorgánicamente y los problemas que presentará serán más graves e insoslayables, con consecuencias en la calidad de vida y expectativas de sus moradores.

Luego, debería desarrollarse bajo una política planificada de sustentabilidad que le permita afrontar adecuadamente los requerimientos del mañana y los problemas que enfrentarán las próximas generaciones.  Es decir, se requiere de una gestión urbana sustentable con visión de futuro y con un nuevo criterio, articulando los diferentes recursos que forman parte de su vida diaria: humanos, financieros, organizacionales, políticos y naturales, con un horizonte centrado en la habitabilidad y funcionalidad.  La población requiere que sus necesidades sean satisfechas, especialmente aquellas de infraestructura, productividad, compatibilidad urbana, externalidades y ecoeficiencia; esta última se reflejará en la aplicación de criterios que la satisfagan y que disminuyan externalidades negativas y a la vez fomenten las positivas, por ejemplo, servicios integrados en beneficio del ciudadano, como electricidad, agua, alcantarillados, gas, etc, y donde la infraestructura se adecúe a un contexto territorial, en que primen la ecoeficiencia y la integridad.

Trascendente es la habitabilidad y funcionalidad, ya que la tendencia de vivir en ella continuará en alza en los próximos años, siendo materias que deben planificarse con un horizonte claro de sustentabilidad.  En lo referido a habitabilidad, las personas accederían a la totalidad de los servicios básicos, espacios públicos atractivos, viviendas de tamaño adecuado, sin hacinamientos, áreas verdes conforme a parámetros establecidos, ambientes libres de contaminación, idealmente superación total de la pobreza, distribución más equitativa de los recursos, beneficios de un sistema de administración público – político que garantice seguridad y gobernabilidad y donde el ciudadano participe activa y responsablemente en la gestión pública.

En cuanto a la funcionalidad, debería tener una productividad y rentabilidad social, ambiental y económica, de recursos humanos y financieros, que satisfaga los requerimientos de sus habitantes con criterios iniciales de sustentabilidad pero que sean consecuencia de una planificación estable, reconocida, asumida y participativa de sus habitantes, cuyo objetivo sería progresar decididamente en un desarrollo sustentable de Santiago, priorizando sus avances y disminuyendo sus emisiones (bajas en carbono), con un funcionamiento eficiente donde el crecimiento económico y social permitirá concentrar recursos en áreas que se determinen, pero basado en premisas ambientales sostenibles buscando la ecoeficiencia con énfasis en la protección del ecosistema de la cuenca de Santiago, donde se aplicaría el concepto de “hacer más gastando menos”.

Es importante considerar que esto puede conseguirse incentivando la participación ciudadana responsable, debidamente informada, con criterios de integración intersectorial e interinstitucional donde interactúan actores y sectores dando como resultado la planificación de desarrollo ecoeficiente de la ciudad de Santiago.

Por otra parte, en esta ciudad es necesario enfatizar en la equidad y cohesión social para el logro de una buena democracia, eliminando a una pobreza sin futuro, impulsando un aumento de los ingresos con expectativas de mejor repartición de ellos beneficiando a todos los sectores sociales, especialmente a los más desposeídos, un sistema social que brinde oportunidades a sus habitantes, que cree condiciones habilitadoras en el ejercicio de la libertad (libre emprendimiento, libertad, oportunidades, etc), todo ello compatibilizado con un crecimiento armónico donde el uso eficiente de la energía, del agua, procedentes de fuentes renovables y no contaminantes, disminución de contaminaciones, por ejemplo, la supresión de emisión de GEI, y la depreciación e idealmente eliminación de consumo de combustibles procedentes de fósiles, todo reflejado en una dimensión territorial integrada de ciudad (economía, circulación de recursos suficiencia económica, tratamiento de los residuos a base de reducir, reutilizar y reciclar).

CUÁL ES LA SENDA A SEGUIR PARA LLEGAR A LOGRAR QUE LAS CIUDADES SEAN ECOEFICIENTES.

La senda para lograr que las ciudades sean eco – eficientes se basa en el logro de una calidad de vida santiaguina donde bienes y servicios sean a precios competitivos y alcanzables para sus habitantes, que permitan satisfacer sus necesidades y que –en forma simultánea- reduzcan progresivamente los impactos ambientales basando su desarrollo en elementos de generación renovable (por ejemplo, no afectar los acuíferos o disminuir el uso de combustibles procedentes de fósiles), evitando sobrecargar y exponer la sustentabilidad de la capacidad de la tierra, aumentando la calidad y durabilidad de los productos, etc.

El lograr una reducción de los impactos en los ecosistemas debe ser prioritario, controlando las emisiones e incrementando las capacidades de captura de GEI en forma natural (recuperación de suelos degradados en la RM, bosques, zonas precordilleranas, sector norte, cuenca del Maipo, Mapocho, etc), proteger a la población y a la naturaleza de las emisiones tóxicas, fomentando las necesidades de los habitantes (aumento de funcionalidad y flexibilidad de un producto, ya que su fabricación puede contribuir a preservar la naturaleza, a dar mejores beneficios a quien los adquiere, a evitar inversiones constantes en un mismo tipo de producto, etc).

El desarrollo debe basarse en un sistema de lideración del cambio priorizando la infraestructura de la ciudad, que genere una política, objetivos y planes de desarrollo ecoeficientes con amplia base de apoyo ciudadano.

Finalmente, en esta senda los gobiernos respectivos tienen gran relevancia, ya que deben implementar una política participativa (intervención de la ciudadanía en las decisiones públicas que les atañen) que tenga como objetivo el crecimiento económico compatibilizado con una reducción de los recursos basado en un uso racional, promover los incentivos que se requieran para estos fines, aplicación de una legislación que beneficie la ecoeficiencia, estimular los avances científicos – tecnológicos y empresariales con miras a la ecoeficiencia, entregar claras señales a los mercados y premiar a quienes se deciden por ser ecoeficientes, eliminar subsidios que afecten la sustentabilidad, internalizar costos ambientales y que la ciudadanía tome conciencia sobre ellos, evitar efectos negativos económicos trasladando impuestos al trabajo y a las actividades productivas hacia el uso de los recursos y la contaminación (impuestos con un criterio ambiental y en beneficio de la sustentabilidad de la ciudad), incentivar la transacción de bonos de contaminación, buscar integrar voluntariamente a base de una conciencia económica ambiental (economía verde) a las empresas y actores económicos.

Debemos asumir en nuestro pensamiento íntimo que un Santiago sostenible del mañana, debe basarse en las decisiones que hoy adoptemos, que el año 2025 está demasiado cerca, el tiempo pasa rápido y no debemos perderlo, pero los efectos negativos de nuestras resoluciones en la sustentabilidad de esta ciudad, nos hace responsables ética y moralmente ante nuestros hijos y sucesores.