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En las próximas semanas, un tema predominará en la agenda pública internacional y veremos extensa difusión sobre las actividades y desarrollo de la “Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sustentable Río + 20”, la que se efectuará entre el 20 y el 22 de junio del presente año. Cualquier observador podría pensar, a estas alturas con o sin razón, que es una reunión internacional más y que no tendrá mayores resultados en el avance mundial de la sostenibilidad de la civilización moderna y en la vida del planeta. Sin embargo debemos considerar que para la ONU, es un nuevo intento para concretar avances y compromisos de los Estados de este planeta en los grandes cambios que se requieren en el presente siglo XXI, básicamente en un mundo de prosperidad, paz y sustentabilidad, donde se debatirán tres aspectos claves: El fortalecimiento de los compromisos políticos en favor del desarrollo sustentable, el balance de los avances y las dificultades vinculadas a su implementación y la respuesta a los nuevos desafíos emergentes de la sociedad.

Actualmente la diplomacia de todos o la gran mayoría de las naciones del mundo, se encuentra en el proceso de “camino a esta conferencia Río + 20”, que coincide con el 20 aniversario de la Cumbre de la Tierra de 1992, celebrada en esa misma ciudad de Brasil y que ha constituido un ícono de referencia cuando se habla o discute temas de sustentabilidad y donde sus acuerdos han estado presentes en la agenda internacional desde su ejecución en el año 1992.

A esta cita, se espera una gran asistencia de Jefes de Estado y de nutridas delegaciones, ya que existen grandes esperanzas de que los temas que sean tratados, al igual como los acuerdos adoptados en el año 1992, sean de tal trascendencia que predominen en el desarrollo mundial de las próximas décadas. Por tanto, por estas legítimas expectativas que tienen aquellos que conciben un mundo mejor para las generaciones futuras (nunca hay que olvidar que lamentablemente el destino de la humanidad en el presente siglo ya está definido casi totalmente y las medidas que hoy se adopten permitirán aliviar e idealmente revertir la situación medioambiental y sus problemas derivados en el próximo siglo XXII) quienes esperan ansiosamente que aquellas iniciativas destinadas al mejoramiento, preservación y recuperación de los ecosistemas terrestres sustentadores de la vida humana se plasmen en acuerdos internacionales y luego que la totalidad de las naciones de la tierra los suscriban y lo inserten en sus normativas legales internas.

El ideal de esta cumbre, debería ser acuerdos que impliquen menor voluntariedad o de que algunas naciones, como sucedió después de la Cumbre de la Tierra de Río 1992, eviten o eludan el cumplimiento de los acuerdos, para ello se deberían establecer ciertas sanciones que aseguren el éxito de las medidas destinadas al logro de un mundo terrestre más limpio, totalmente sustentable (eso es un requisito ineludible ya que está en juego la existencia de la actual civilización en la forma como se conoce actualmente).

Para tener una idea de la magnitud de esta reunión internacional, se debe tener en cuenta que se prevé la asistencia de más de 100 Jefes de Gobierno y más de 50.000 delegados, quienes se orientarán a evaluar la implementación de instrumentos internacionales de medio ambiente y en especial o enfatizando en la sostenibilidad, teniendo gran impacto en todas las áreas del quehacer humano, destacando que éstas deben orientarse a un desarrollo sustentable que les permita cumplir la definición de “consumir ahora sin afectar el desarrollo de las generaciones futuras”.

Sin duda, uno de los grandes desafíos de esta masiva reunión internacional, se refiere a la erradicación de la pobreza que predomina en numerosos países  del mundo, donde una economía amigable con el Medio Ambiente, que también se podría conocer como Economía Verde, tiene y tendrá un rol vital en la superación de este flagelo y en el logro de una sociedad más justa, la que está íntimamente unida al éxito de una política internacional efectiva y controlada de la sustentabilidad real existente al interior de cada nación. Este no es un  problema de solo un país o de aquellos más pobres, es un problema global, que si no es solucionado con una adecuada visión de sustentabilidad, con resultados tangibles, medibles, efectivos, comprobados reiteradamente y en consecuencia absolutamente reales, arrastrará tarde o temprano a todas las naciones de la tierra (incluyendo a aquellas más desarrolladas) a una mayor desigualdad, menor calidad de vida, creciente pobreza y condiciones de inseguridad internacional que afectarán la convivencia entre las naciones, además que generará un porvenir humano impensable y difícil de precisar.

Gran parte de los asistentes a esta Cumbre, como es el caso chileno,  tienen como objetivo aprovechar esta instancia para profundizar la integración económica donde se priorice la sustentabilidad, política donde se pueden identificar áreas deficitarias que requieren de un vuelco trascendente en el trato internacional, tales como la necesidad de aumentar la cooperación, la transferencia tecnológica y medidas efectivas destinadas a reducir las presiones sobre el consumo irracional de los recursos del planeta, algunos de los cuales están siendo agotados o desaparecen definitivamente (por ejemplo la biodiversidad de algunos ecosistemas terrestres).

Los pilares del desarrollo sustentable ambiental, económico y social, no están en juego ya que bastante se ha avanzado desde el año 1992, pero si requieren ser profundizados y necesitan contar con un mayor respaldo de la comunidad internacional, específicamente sanciones económicas (no adquisición de producción procedente de países determinados)  a quienes infrinjan los acuerdos adoptados en la Cumbre de la Tierra de 1992 y de la nueva que se desarrollará en junio del 2012.

Esta Cumbre presenta desafíos y expectativas, de sus resultados dependerá en gran medida el futuro de las nuevas generaciones pero también aspectos claves de las actuales como por ejemplo participación ciudadana, derecho a la información, justicia ambiental, resguardo de intereses de una comunidad o de un grupo étnico, trabajo estable perdurable, salarios dignos, derecho a una vida saludable y a atención de salud, viviendas sustentables, a educación y al necesario progreso de los pueblos en busca de condiciones de vida aceptables y concebidas en un mundo moderno y civilizado.

También es valioso destacar en esta reunión de Río + 20, la presencia y participación de una sociedad civil que ha adquirido un carácter de globalidad, donde predominan esfuerzos e intenciones más allá de las locales o intereses particulares, grupos sociales que han entendido y asumido que sin acuerdos internacionales que involucren el desarrollo sostenible de todos quienes integran este planeta, no habrá un futuro racional y aceptable para las presentes y futuras generaciones.

No obstante, no se puede interpretar que aquí se juegue el todo o nada, ya que la sociedad mundial en la práctica se ha estancada en esta materia durante los últimos diez años, (ciclo de Doha, fracaso de Copenhague, etc), sin embargo a pesar de esta realidad, se han logrado avances, experiencia que indica que el solo hecho de reunirse para conversar estos temas, va a culminar en  algunos acuerdos (no los que se desearían)  que tendrán éxito, para lo cual se requiere incrementar el dialogo entre todos los pueblos y los ciudadanos del planeta, sin que esto pueda afectar o involucrar la soberanía de cada país miembro de la ONU, ya que los problemas ambientales mundiales solo se podrán enfrentar, especialmente a partir del año 2040, con un respeto absoluto, integral y  responsable de la soberanía nacional de cada Estado.