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Los Incentivos Ambientales están pasando a ser un factor importante en los países más desarrollados, debido a que la opinión pública los está incorporando como una conducta positiva de la sociedad y como parte trascendente del respeto de las personas, empresas privadas, organismos estatales, centros de estudios y en general, cualquier tipo de organización.  Estos incentivos son instrumentos de conducta, donde la comunidad controla indirectamente por medios de sus preferencias, especialmente comerciales y de inversión, lo que conduce a un actuar más responsable, respetuoso y amigable del Medio Ambiente.

Esta es una materia que se está incorporando en forma institucionalizada en los países más avanzados, donde los gobiernos por medio de una política de Estado, entregan una orientación de lo que desean hacer en beneficio de los diferentes ecosistemas en sus territorios.

Existe una creciente necesidad de asegurar la protección de la biodiversidad en cada sector de un país, además de medidas destinadas a evitar, reducir e idealmente no emitir Gases de Efecto Invernadero, los cuales como es conocido, son los responsables del proceso de calentamiento global y en consecuencia del “cambio de clima” con todas las repercusiones y problemas que trae consigo, especialmente aquellas que se relacionan con la seguridad nacional de los Estados modernos.

Es conveniente recordar que los mayores efectos se comenzarán a notar en las próximas décadas, con dramáticas consecuencias para un gran número de naciones, afectando a más de tres mil millones de habitantes, pasando a ser un problema desestabilizador, afectando el funcionamiento interno de las naciones, generando problemas vecinales y regionales, cuya solución en definitiva dependerá del poder de cada involucrado, el rol que deban cumplir los organismos internacionales y el derecho internacional.

A partir de la Cumbre de Río de 1992, se crean instancias destinadas a prevenir este problema y mecanismos económicos que han permitido dimensionar y dar valor a las emisiones contaminantes que dan origen al “cambio de clima”.  En este año, a 20 años de Río de Janeiro, se efectuará una nueva reunión mundial para analizar los avances y retrocesos de estas dos últimas décadas y llegar a un nuevo acuerdo más vinculante en esta materia tan importante para el futuro de la humanidad.

En este escenario están surgiendo con fuerza los Incentivos Ambientales, donde los Estados como contaminadores que a su vez son afectados, deben adoptar ciertas medidas destinadas a estimular a sus sociedades para que asuman compromisos voluntarios y consensos entre quienes gobiernan y la ciudadanía, especialmente si se visualizan situaciones conflictivas, vulnerabilidad al interior de un Estado o efectos en su Seguridad Nacional, señalándose a modo de ejemplo, la necesidad de aceptación, independiente de los intereses de grupos económicos, sectores políticos u otros, acuerdos sobre desarrollo eléctrico a base de energías fósiles, nuclear o bien renovables no convencionales.

Entre estos Incentivos Ambientales, se puede mencionar: acuerdos regulatorios en reemplazo de una norma legal; fijación de metas para un determinado sector (por ejemplo, uso de una menor cantidad de latas en bebidas, conservas, etc); tratamiento de residuos; separación de residuos en su origen (en el hogar, negocio, industria, establecimiento educacional, etc); la mediación para evitar escalada de un conflicto (será una materia muy importante en las próximas décadas, especialmente cuando se manifiesten los efectos del calentamiento global); políticas estatales como organismo contaminante versus Estado afectado por la contaminación; sellos ambientales para evitar las emisiones y a la vez otorgar calidad a los usuarios; incentivar las auditorías ambientales las que permiten ganar participación en un mercado cada vez más competitivo; compensaciones adecuadas cuando corresponda pero en especial seguridad de que se ejecutarán en forma justa; certificación ambiental de los productos siguiendo su huella de contaminación y de consumo de agua; recursos jurídicos al alcance de cualquier sector de la población que se considere afectada pero ágiles y breves, evitando dilatar los procesos, por mencionar algunos.

Estos Incentivos Ambientales podrían lograrse por medio de una estricta normativa legal sancionatoria, pero que siempre estará siendo criticada y vulnerable, pero que no asegura el éxito.  Otra respuesta estaría, según la experiencia de los países más avanzados, en la posibilidad cierta de un cambio de conducta de la sociedad, que puede ser lograda por medio de la educación de las nuevas generaciones, campañas de difusión pública y con participación ciudadana.  Sin un cambio en las conductas, no se tendrá éxito en la protección y preservación de los ecosistemas nacionales, además el desarrollo y la seguridad nacional se verán debilitados por los problemas ambientales mundiales.