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Chile posee una dependencia externa en el suministro de energía que tiene efectos trascendentes en el desarrollo económico nacional, en las expectativas de alcanzar una sostenibilidad adecuada al siglo XXI y a los avances mundiales en esta materia, en la calidad de vida de su población y en la seguridad nacional. La situación política – estratégica existente en el Medio Oriente, caracterizada por una evidente crisis y tensión motivada por las pretensiones iraníes de alcanzar el estatus de potencia nuclear, alejándose de un programa de uso pacífico de la energía atómica, amenazan con desestabilizar esa región con efectos mundiales, donde la situación delicada de nuestro país, puede tornarse crítica.

Evidentemente, de producirse una situación en esa zona del mundo que afecte el suministro de petróleo a Occidente, China y Japón entre otras naciones, se producirá inevitablemente una escalada considerable en sus precios, con consecuencias al interior de Chile desde alzas importantes en sus costos, que llevarían a una suspensión transitoria de los impuestos a los combustibles, gravamen que dependería de la disponibilidad de este recurso energético, ya que las reservas del país y capacidad de almacenamiento son limitadas y ante un escenario de desabastecimiento mundial que se prolongue más de treinta días, como podría ser derivado del cierre por parte de Irán del Estrecho de Ormuz, la campaña militar para reabrirlo y que puedan operar con seguridad los grandes barcos de transporte de combustible, como asimismo los efectos de un conflicto que involucre a otros Estados productores de crudo, podría causar escasez con repercusiones en el funcionamiento normal del país.

Una situación de este tipo, con graves trastornos internos, no está alejada de la realidad, coincidiéndose con lo señalado en el Diario El Mercurio del 29 de marzo del 2012, Cuerpo B, Pág. 1 y 2 que señala “Economistas anticipan que Chile sería el país más afectado de A. Latina ante brusca alza del petróleo”, donde se describen las consecuencias derivadas de una crisis causada por el programa nuclear de Irán en el Medio Oriente.

Un alza de los precios del crudo, tiene efectos inmediatos en el IPC y en las cuentas externas, dependiendo, si está asegurado el abastecimiento, es decir, si existe disponibilidad de combustible suficiente en los terminales nacionales y en los sistemas de distribución al consumidor y permita el normal funcionamiento de la sociedad nacional. En este caso, solo tendría repercusiones en la economía y en los precios de las gasolinas, petróleo, parafina y en menor medida gas y carbón. Sin embargo, el caso más grave sería una prolongación de un conflicto en el Medio Oriente que afecte la disponibilidad de crudo, aumente enormemente sus precios, más allá de lo posible de aceptar racionalmente y que la población no pueda ser abastecida, produciéndose en ese caso repercusiones en las actividades terrestres, aéreas y marítimas, incluyendo el transporte público al interior de las ciudades, el abastecimiento alimenticio, electricidad y funcionamiento en general de la sociedad, afectando el desarrollo y el crecimiento del país.

Existen países que no tienen esta dependencia del crudo porque son importantes productores, los cuales verán aumentados considerablemente sus ingresos, sus cuentas fiscales mejorarán y tendrán disponibilidad de nuevos recursos, como Venezuela, Colombia y otras naciones.

Lamentablemente, el no ser un productor de fósiles juega en contra de la estabilidad interna de Chile. La dependencia de la matriz energética ha pasado en los últimos años, del gas argentino -cuyo suministro se interrumpió bruscamente- al carbón alcanzando al año 2012, según la Estrategia Nacional de Energía de Febrero del 2012, emitida por el Supremo Gobierno, a un 63% (combustibles procedentes de fósiles que deben ser importados desde el extranjero).

Como se aprecia, la matriz energética nacional se basa en energía foránea, dependiente de situaciones externas que no se pueden manejar, independientes de los intereses locales, que marcan el desarrollo, avances y sustentan la vida al interior del país y posibilitan, con el trabajo de los chilenos el crecimiento, las exportaciones y el avance económico.

El Estado de Chile, debe estar consciente de este problema y debe buscar las formulas para revertir esta situación y adoptar un camino agresivo que permita disminuir drásticamente nuestra exagerada dependencia externa, ya que no ha existido una política concordante con la seguridad nacional en los últimos 15 años y hasta el 2011, periodo donde la planificación estratégica de desarrollo energético permitió y apoyó para crear esta delicada institucionalidad donde no tan solo se pasó a ser dependiente de los combustibles fósiles, sino que con las autorizaciones de generación térmica a carbón se ha hipotecado el futuro nacional hasta más allá del 2050.

Finalmente, se debe señalar que ha llegado el momento de exigir un cambio drástico en nuestra matriz energética, la que debe basarse en aquellas renovables, utilizando racionalmente los abundantes recursos naturales existentes en nuestro territorio y facilitando una participación ciudadana responsable. Esta matriz debe considerar modernos sistemas de ferrocarriles, trenes subterráneos y de superficie, ya que contar con sistemas de transporte de este tipo, disminuyendo buses, camiones y desincentivando el uso de vehículos particulares y manejando programas de desarrollo que además de emitir menores cantidades de contaminantes a la atmósfera, disminuir la importación de combustibles fósiles, dar estabilidad al desarrollo sustentable nacional y fortalecer la seguridad nacional, constituyen el principal camino para que el ciudadano pueda llegar a acceder a una calidad de vida aceptable para el siglo XXI.