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Recientemente fui invitado a conocer los efectos de la posible construcción de la Central Termoeléctrica de Castilla en la III Región de Atacama, donde tuve la oportunidad de compartir con algunos lugareños de la población existente en el lugar que podría ser afectada. Todo esto fue antes que la Corte de Apelaciones de Antofagasta en los primeros días de marzo del 2012, revocara una resolución del SEREMI de Salud de esa Región, cuando modificó de “contaminante” a “molesta” esta termoeléctrica, lo que trajo como consecuencia una dificultad para el magnate brasileño  que lleva adelante este proyecto.

A cien metros aproximadamente, de pasar el peaje existente en la Carretera 5 de sur a norte, a mano izquierda, se encuentra la entrada en dirección al mar y a la zona de Castilla, un hermoso camino desértico en sus primeros kilómetros y luego de 25 o 30 minutos se comienza a ver una abundante y verdosa vegetación, sin duda poseedora de una rica biodiversidad. En uno de los recodos del camino, se accede al pueblo de Totoral, donde  viven cientos de personas, dos calles, viviendas construidas con los típicos materiales del lugar, resistentes a los sismos, cómodas y sencillas, las cuales albergan a la población ya por ancestrales años. Destaca en el lugar su hermosa pero pequeña plaza, con sus asientos que invitan a un relajamiento intenso bajo un ardoroso sol y un sofocante calor veraniego.

Al visitar su Iglesia, pequeña pero altamente emotiva, destaca la figura y la historia del “Cura Negro”, un abnegado sacerdote de raza negra que vino desde Colombia a traer la palabra de Dios a esos apartados lugares, difundiendo  un mensaje de paz, justicia, trabajo y de fe, quien falleció a mediados del siglo pasado y que aun su recuerdo remece a los lugareños. También destaca su escuela donde acuden los niños del sector.

Al compartir con las personas del pueblo, numerosas y antiguas familias,  destaca la edad a la cual acceden, como la madre de una abnegada pobladora que llegó a los 115 años o ella misma que ya se acerca a sobrepasar los 90, sus hijas,  hijos, nietos y bisnietos, como asimismo las ilusiones sobre un futuro mejor para su querida tierra.  A un costado del pueblo, en dirección a la quebrada, existe un sector de extraordinaria belleza, una biodiversidad única en medio del desierto, un verdadero “Jardín del Edén”, con manzanos, perales, nogales, ciruelas, damascos y parras, olivos y en general una maravillosa biodiversidad.

Todo esto, según artículo del Presidente de la Sociedad de Fomento Fabril (SOFOFA) Don Andrés Concha R.,  publicado en el Cuerpo A de El Mercurio  Pág. 2 “Una Sentencia Paralizante”, de fecha 16 de marzo del año 2012,  no existe, al señalar que “¿Cómo podría estimarse que este proyecto amenaza el derecho de las personas a vivir en un ambiente libre de contaminación si en su punto de su máximo impacto atmosférico además de cumplirse la respectiva norma de calidad no existen asentamientos humanos?”. Sin embargo, la Corte de Apelaciones, reconoce que hay personas,   ya que según este mismo artículo, la Constitución garantiza a los ciudadanos un ambiente libre de contaminación y por tanto un proyecto que emite gases a la atmosfera sería contrario a la garantía constitucional.

Los habitantes de Totoral, que si existen, son personas humanas y tienen derechos como todos los chilenos,  están defiendo la pureza de su ecosistema, están tratando de proteger su biodiversidad y su vida centenaria, hoy no tienen contaminación porque no existe en su cercanía una termoeléctrica contaminante, pero si esta se aprueba y se materializa, aun cuando estén dentro de las normas, habrá contaminación, además el depósito de cenizas residuales nocivas de la planta estaría ubicado en las cercanías de su antiguo pueblo.

La SOFOFA  a través de su Presidente  dice que no existen seres humanos, seguramente mal informado, ya que le bastaría solo darse una vuelta por el sector, visitar, alojar en Totoral y compartir con sus habitantes para darse cuenta de que hay personas, familias que se suceden desde hace cientos de años, que viven, respiran, tienen ilusiones y desean una vida mejor, que no desean una instalación contaminante que está siendo eliminada en los países más avanzados  y que este error estratégico tendrá posibles potenciales e irreparables daños en las generaciones presentes y futuras. No es este el Desarrollo Sustentable que Chile necesita.