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La Eficiencia Energética constituye una de las herramientas más importantes en la gestión de toda organización y/o institución, de cualquier tipo, sea pública y/o privada, siendo una de las herramientas vitales que influyen directamente en el desarrollo sustentable de Chile, en la economía de cualquier empresa u hogar, por consiguiente podríamos considerarla como una reserva que está disponible y que debemos utilizar.

Cuando se proyectaba en el corto plazo una grave estrechez  energética, el país comenzó a incorporar estos procedimientos a partir del año 2005, problema en esa época que podría transformarse en una  crisis de mayor magnitud hacia el  2008, lo que dio inicio a una serie de medidas pero en especial con la intención de introducir el tema en el país, lo que se logró plenamente, pasando el Programa País de Eficiencia Energética a una Agencia Chilena de Eficiencia Energética el año 2010,  con un mayor rol en la vida nacional, inicialmente dependiendo del Ministerio de Economía y hoy en el Ministerio de Energía.

Los crecientes precios de la energía y los vaivenes del mercado internacional tan vulnerable a los problemas locales (como fue el caso del corte del suministro de gas natural argentino)  o a conflictos en las zonas productoras, unido a la inestabilidad política de algunos de esos Estados, llevan no solo a Chile, sino a la gran mayoría de las naciones que dependen de las importaciones de combustibles fósiles  a otorgar a la eficiencia energética un mayor papel en su desarrollo interno, buscando incentivar a las organizaciones públicas, empresas privadas y ciudadanía en lo particular, tratando en este último caso, alcanzar el hogar y la educación de cada persona.

A lo anterior deben agregarse las preocupaciones por los ecosistemas y en especial por el medio ambiente y la tramitación de los permisos  considerados en la legislación vigente, los cuales afectan el desarrollo y retrasan la entrada en operación de los nuevos proyectos energéticos.

En este contexto se adopta la decisión de introducir el tema, iniciando una serie de acciones basadas en las experiencias de naciones más avanzados, donde uno de los aspectos más importantes ha sido la necesidad de que todos los actores, incluyendo en ellos a las personas individuales, tomen conciencia de utilizar bien la energía y no desperdiciarla.

Si vemos el camino  realizado por países más avanzados, se evidencia que existe mucho por hacer en Chile, en consecuencia se presenta el desafío  de posesionar a esta materia como un eje importante de nuestra estrategia, debidamente avalada por una institucionalidad y por una legislación acorde a los tiempos modernos, siendo el objetivo fijado por el Gobierno de Chile en la Estrategia Nacional de Energía 2012 – 2030 de febrero del 2012, donde se establece la tarea de alcanzar un ahorro de un 12% al año 2020, lo que constituye una meta difícil pero no imposible de obtener, siempre y cuando se desarrolle bajo la concepción de una Política de Estado, se contemplen beneficios económicos atractivos para las empresas y ciudadanía, además  visualizando moderadamente que podría convertirse en el futuro en una base fundamental de la estrategia energética ya que permitirá enfrentar en mejor forma la creciente necesidad energética nacional.

Uno de los aspectos más importantes que han experimentado los países más avanzados, es lograr desacoplar la tradicional unión entre desarrollo y consumo energético y ello lo han obtenido gracias a programas  adecuados y agresivos de eficiencia energética.

Hay que considerar, por simple lógica, que no hay energía más económica, que aquella que no necesita ser producida, transportada, suministrada y ocupada, luego  para cualquier organización productiva o no, pasa a ser una política extremadamente ventajosa.

Por consiguiente, ser eficiente en la energía, es utilizar la electricidad, gasolinas, petróleo, gas, carbón, etc,  que realmente se necesita en los procesos productivos, servicios, hogares y otros, buscando disminuir su dependencia y aprovechar las formulas técnicas y económicas más favorables.

Finalmente debemos tener presente que una mayor eficiencia ofrece la posibilidad más rápida y más económica de ahorrar recursos, producir lo mismo o aumentarlo, evitar efectos indeseables en los ecosistemas ambientales y con un racional empleo, se contribuye al ansiado desarrollo sustentable de Chile.